Smart Bidding aprende de los datos que recibe. Si esos datos están mal, el algoritmo optimiza sobre una mentira. Reviso si tus conversiones son reales, completas y sin duplicados — antes de que el problema cueste más.
Llevo años auditando ecosistemas de medición digital para agencias y e-commerce en España. Lo que más aparece en cada auditoría no son errores nuevos — son errores que llevan meses activos sin que nadie los haya detectado.
El tracking roto no avisa. Sigue disparando, sigue enviando datos — pero los datos están mal. Y mientras tanto, Smart Bidding aprende, optimiza y toma decisiones sobre esa información incorrecta.
Mi trabajo es encontrar exactamente eso. No gestiono campañas. Reviso que los datos que alimentan esas campañas sean reales.
Ver perfil completo: Juan Pittau — consultor de analítica y tracking
Cuando el cliente me contactó, llevaba tres semanas sin dormir bien y con el presupuesto publicitario sangrando cada día sin explicación.
Me dijo que había probado todo.
Lo que no sabía era que cada cosa que había probado había empeorado exactamente lo que intentaba arreglar.
Cuando entré a la cuenta, el historial de cambios era el registro más caro que había visto en mucho tiempo. Cambios de presupuesto, estrategia de puja y objetivo de conversión en el mismo día — repetido durante diez días seguidos. Cada vez que Smart Bidding intentaba aprender, alguien le movía el suelo. El algoritmo entró en fase de aprendizaje, no obtuvo resultados porque no tenía tiempo de estabilizarse, y el cliente interpretó esa falta de resultados como señal de que algo seguía fallando. Y volvió a tocar. Cuatro reinicios del algoritmo en diez días.
Pero debajo de todo eso había algo que nadie había visto.
Esa misma semana habían actualizado el sitio web y migrado plugins. Sin saberlo, habían roto el evento de conversión principal. El tag seguía disparando — por eso nadie lo detectó — pero el valor de conversión había dejado de pasarse. Smart Bidding veía ventas sin valor. Sin valor, no podía calcular ROAS. Sin ROAS, pujaba a ciegas.
Cada euro que entró en la cuenta durante esas tres semanas fue directo a alimentar un algoritmo que aprendía sobre el vacío. Clientes reales, pedidos reales, dinero real que entró por la puerta trasera mientras la cuenta publicitaria miraba hacia otro lado.
Cuando le expliqué que el origen de todo había sido una línea de código rota tras la actualización del sitio, se hizo ese silencio que ya conozco bien. No es confusión. Es el momento exacto en que alguien calcula hacia atrás.
Una comprobación de treinta minutos hubiera evitado tres semanas de destrucción silenciosa. Ese es el coste real de no auditar antes de actuar.
La mayoría de los problemas de tracking en Google Ads no están en la campaña. Están en la capa de datos que alimenta esa campaña.
Reviso el ecosistema completo: desde cómo se configura el evento de conversión hasta cómo llega ese dato a Smart Bidding y qué hace el algoritmo con él.
Busco duplicados, valores incorrectos, conversiones que se disparan cuando no deben, etiquetas que conviven mal entre sí, y eventos que el panel muestra como activos pero que llevan semanas sin pasar datos reales.
El objetivo es uno: que cada euro invertido en Google Ads optimice sobre datos que reflejan la realidad.
Ver también: Revisión del seguimiento de conversiones · Auditoría GA4 y GTM
Contame qué está pasando con tu tracking en Google Ads. Te respondo en menos de 24 horas.
Si no estás seguro, el problema ya está activo. Lo revisamos antes del 15 de junio.
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